Historia & Café

Un café para el General Napoleón Bonaparte

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Un café para el general Napoleón Bonaparte

Cuenta la historia, que el General Napoleón Bonaparte era una ávido estudioso de la antigüedad faraónica. De hecho, las pirámides, la única de las siete maravillas que sobrevive los tiempos modernos, se convirtió en su gran obsesión, antes de buscar por todos los medios el dominio y el control de las naciones europeas.

Al parecer, fruto de un complejo modo constructivo el cual alinea las pirámides a los puntos cardinales, y los rituales místicos de resurrección practicados, permean al lugar en particular a los sótanos de las pirámides con energías particulares que facilitan el tránsito a estados mentales y espirituales inaccesibles para el común de los humanos. Para alguien que aspiraba a gobernar el mundo, pernoctar en un espacio con la magia mencionada era a lo menos, un capricho ineludible.

El doce de agosto de 1799, el General con su aura de superioridad manifiesta, incursionó solitariamente en la bóveda y se acostó en el sarcófago que casualmente tenía sus mismas dimensiones. Si bien no es claro lo que le sucedió en esa aciaga y mística noche (¿desdoblamiento? ¿conexiones espirituales? ¿diálogos con el más allá?), sí está documentada su notable palidez y descompensación al salir de la misma al día siguiente. A pesar de las insistentes preguntas de sus más allegados, no fue capaz de verbalizar la experiencia vivida, o se abstuvo de contarla so pena de ser considerado un demente arlequín con casaca militar.

Bebida de los dioses

Bien es sabido que el café es la bebida de los dioses, y el General Bonaparte se consideraba uno de ellos. ¿Qué tipo de café se le hubiera podido ofrecer a Napoleón después de su mística y a lo mejor aterradora indagación? Para este estado semi hipnótico mi recomendación es una preparación elaborada en la cafetera Chemex – método alternativo de filtrado – que produce una bebida suave, de cuerpo ligero, colores pardos y de marcadas notas aromáticas. Esta suavidad en sabores, aromas y cuerpo favorecerían el tránsito místico a la cruda realidad y estimularían la reactivación de las funciones corporales. En este escenario, el desenvolvimiento hacia el mundanal ruido sería relajado, rápido y lúcido; un entorno ideal para narrar y convencer con lujo de detalles el trasegar de tan fantástica epopeya.

Lastimosamente la cafetera Chemex fue inventada siglo y medio después de las gestas napoleónicas y nos dejó huérfanos de lo que pudo haber sido no sólo la mejor historia de la vida del Emperador, sino su mayor gesta.

¡Salud y larga vida a la Chemex!

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